Al vivir en una sociedad que valora resultados, la mayoría de nosotros nos inclinamos a apoyar ministerios que dan buenos resultados, tangibles y visibles. Ya sea que esos resultados estén medidos en términos de cuántas personas hayan hecho profesión de fe, cuántas Biblias fueron distribuidas, cuántos fueron alimentados, cuántos estudiantes fueron educados o alguna otra medición relevante para un ministerio en particular, ellos son el estándar principal por el cual la mayoría de la gente juzga a un ministerio. Mientras mejores sean los resultados demostrados por los ministerios que hemos apoyado, más seguros nos sentimos de haber ejercitado sabiamente nuestras responsabilidades de mayordomía. Hasta el enfoque que muchos de nosotros ponemos en la eficiencia financiera, evaluando criterios tales como...
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